Algunas verduras tienen un sabor amargo por compuestos naturales que producen para protegerse. En este artículo descubrís por qué ocurre, cómo el calor, la sal, los ácidos y las grasas modifican esa percepción y qué técnicas simples podés aplicar para cocinar verduras más sabrosas. Además, encontrá tres recetas prácticas para poner la teoría en acción.